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domingo, 16 de octubre de 2011
Un rincón de mi futuro
Doy comienzo al mecanismo, un imaginario interruptor. No puedo verte pero siento tu presencia. Quizás te has escondido en algún rincón de mi futuro. Atrapado aún en oníricas cadenas, me resisto al esfuerzo de romperlas aunque acabaré sucumbiendo a los encantos de Hemera. Hay indicios de ti en el planning de mi día y disfruto hallándolos. De una manera cada vez más obvia, el mundo da señales de su despertar.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Laberinto de recovecos
Con calculada cordura afronto el laberinto de recovecos que encamina la jornada a su fin. Las paredes del estrecho pasillo rezuman palabras de incontables voces que por él pulularon. Soy capaz de percibirlas cuando las acaricio lentamente. La fricción de mis dedos genera una acústica que deleita mis oídos. Ana sonríe y gesticula un adiós sin parirlo. Devuelvo el saludo sin perturbar sus tímpanos. Ha dejado de llover.
martes, 2 de agosto de 2011
El límite de la oscuridad
Una premonición invisible quiebra sin piedad el sueño. Nada existe entre los infinitos límites de esta oscuridad. No más cábalas, no más insomnios a deshoras, me digo. A mi lado, las palabras que condujeron al sueño. Alzo el ser con una retahíla ininteligible sólo detenida por el esfuerzo de vencer esa astenia que impide al día iniciar su andadura. Sin pretensión, amanece la rutina.
lunes, 18 de julio de 2011
El impasible segundero
Sin interés por el avance impasible del segundero, ordeno con disimulada fatiga el fruto de una ciclópea jornada y pongo fin a mi conectividad online. ¿Dónde está la improvisación? Si las piezas no estuviesen ordenadas, sería imposible completar el rompecabezas. No admite réplica el argumento. Blindado y perfecto para una tercera ola. Deshumanizador y alienante para asumirlo.
lunes, 4 de julio de 2011
Angustioso sigilo
Como cada mañana un runrún me interrumpe el descanso, como cada mañana aborrezco su estirpe. ¿Hay acaso objeto más odiado? Y es éste un aborrecimiento infinito. Mis ojos apenan aciertan a mantener unos segundos la mirada y mis tímpanos permanecen paralizados ante el angustioso sigilo. Todos los sentidos te buscan pero hallan ausencia. En un intento por rescatarte, busco una luz al otro lado de la tronera y al encuentro llega la lluvia.
martes, 28 de junio de 2011
El delicado efluvio del papel
Suelo encontrar satisfacción en la lectura nocturna. Despedir la rutina cotidiana con una aventura, un ensayo o un poema. Una torre de literatura flanquea el espacio de nuestro abrigo y proporciona perspicaz material para un gozoso encuentro. No acierto a comprender tu renuncia al suave tacto y el delicado efluvio del papel. Sólo un minuto y regreso de Portugal con un elefante, argumento mientras intentas sin éxito que renuncie a mi voluntad infinita de viajar.
sábado, 25 de junio de 2011
Constelaciones
En el aire se adivina la noche. El silencio de la penumbra sólo es interrumpido por el pulular de nuestras palpitaciones. Bajo la ingente masa estelar uno se siente frágil. Apunto el índice hacia el infinito y juego a trazar las constelaciones. ¿Dónde está Orión?, preguntas mientras observas cómo mi dedo dibuja la silueta de la Osa Mayor. A tu espalda, contesto, abril entra en su recta final y pronto dejaremos de verla.
miércoles, 22 de junio de 2011
Un inquebrantable escudo
Me gusta mirar con disimulo tu rostro cuando estás sumergida en la lectura. Un inquebrantable escudo te aísla de la realidad que sólo alcanza algún resquicio cuando intuyes que te observo. No seas bobo, espetas simulando un enfado, intento concentrarme. No puedo evitarlo, me defiendo, resulta delicioso ver cómo los sentimientos se reflejan en tu semblante. En un instante una minúscula almohada cambia el refugio de tu espalda por la incertidumbre de un vuelo sin destino claro.
jueves, 16 de junio de 2011
El néctar de tus labios
Con cariñosa premura me sientas junto al hogar y me anticipas un sorbo del néctar de tus labios. ¿Te hablé de mi adicción a él?, la partida es siempre el cronómetro que marca el tiempo hasta volver a encontrarnos. Tu singular acento convierte en música cada palabra que tu boca pronuncia. He tomado prestado de tu almohada parte de tu sueño, dijiste, aquel que compartiste conmigo. ¿Eramos felices?, pregunté, no había lugar para otro deseo, contestaste con rotundidad mientras nuestras manos anulaban distancias.
viernes, 10 de junio de 2011
Los pétalos de las amapolas
El roce del aire en los pétalos de las amapolas me devuelve a la realidad. Ensimismado en la bella postal de un antiguo faro cuya linterna guió nuestro rumbo, no acierto a calzarme. La improvisada almohada de hierba presta el impulso que necesito y alcanzo el camino que con apasionado brío inicié . Un delicioso ramillete de sutiles deseos acompaña mi regreso. Tan frágil que precisa cuidados, tan sólido que nada quiebra su raíz.
lunes, 6 de junio de 2011
El sabor del silencio
No necesito excusas para despojarme de tejidos y sentir cómo vibra la
naturaleza. Prefiero saborear el silencio al falso mutismo del asfalto.
La primavera ha devuelto el color que el invierno le sustrajo. El roce de
mis pasos genera música y el agua del arroyo acaricia mi piel. Cierro
los ojos y ahí estás tú, siempre has estado, observando, sonriendo,
amando.
lunes, 30 de mayo de 2011
Una luz vespertina
Nuestra casa se oculta entre los árboles que salpican la llanura y en ella escondes el corazón. Un atisbo de luz vespertina aparece en tu sonrisa cuando anticipas mi regreso. Detengo mi paso en una curva próxima al arroyo, quiero tomar un sorbo de silencio y saciar mi sed de paz. Desde la distancia el perfume de tu amor me obsequia una bienvenida.
martes, 24 de mayo de 2011
El abanico
Un abanico de hierro surca el aire hacia el oeste. Aunque la jornada está próxima acabar y el murmullo del pasillo aumenta al ritmo del segundero, mis ojos siguen el fluir del aire que, sin éxito, intenta esparcir las varillas multicolores del abano. De repente, unas palabras brotan desde algún rincón anónimo, no conseguirás un aumento por tu esfuerzo extra, y se pierden entre la confusión.
jueves, 19 de mayo de 2011
La ventana
Las copas de los árboles no pueden ocultar la vergüenza del cemento, el hierro desafía la gravedad y su frialdad le separa del calor de la tierra. Desde el tupido manto de hojas las torres levantan su mirada al viento y se hierguen altivas entre las nubes. Su gris comienza a difuminarse. Ha llegado la lluvia.
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