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jueves, 26 de enero de 2012

Tjolöholm

Te seguí a través de la niebla hasta donde el jardín se funde con los cimientos. Sonreías mientras intentabas adivinar el interior del pequeño mirador. A pesar de la lluviosa noche, los senderos que bordean el muro de piedra aparecían tan solo húmedos, en absoluto anegados como temíamos. Las primeras luces del sol empujaron la bruma permitiendo al paisaje recuperar su color, un delicado perfume comenzó a inundar el espacio entre ambos. Sentiste la ineludible necesidad de inhalar ese olor que, fundido con el dulce sentimiento, penetraba en tu interior proporcionando un aire fresco de vida.

La verde alfombra en la que nos movíamos alcanzaba con rotundidad la playa, aquella inexistente arena tostada no osaba rescatar un ápice del terreno perdido ante el contundente verde. En el centro, éste se había aliado con un sólido muro que frustraba cualquier posibilidad de cambio. Miraba absorto esa vana lucha cuando tu voz quebró el silencio mágico del diálogo con la naturaleza. Con tu sonrisa, ahuyentaste mis fantasmas, con tus ojos conseguiste quebrar la bruma y deshacer el hechizo que restaba color a Tjolöholm.

jueves, 30 de junio de 2011

Alva

Dejaba el mar tras de sí cuando dirigió el vehículo a través de la perfecta recta pavimentada que atraviesa la exuberancia verde del cereal, sólo interrumpida por el blanco inmaculado del campanario. A medida que acortaba distancia, el edificio ganaba magnificencia y el vetusto roble desafiaba su belleza. Tomó el desvío y en pocos segundos alcanzó la verja.

Junto al camino que rodea la iglesia, a la izquierda del longevo fagáceo, una mujer permanecía impasible al devenir de la tarde. Sin duda se trataba de Novalie. Lars se acercó y la saludó con voz queda. Ella le miró y esbozó una sonrisa imposible en su rostro aún húmedo mientras su mano asía la de él con rabia contenida. Al dirigir Novalie de nuevo su mirada hacia la tierra, Lars tropezó de bruces con la realidad.

Una pequeña piedra rectangular donde se leía Alva rompía el perfecto orden del césped, alrededor unos juguetes huérfanos. Lars los limpió con pulcritud.

Tampoco pudo evitar la misma sensación de humedad que antes sintiera Novalie.

sábado, 23 de abril de 2011

Haga Nygata

El sol calienta los oscuros canales de la ciudad, camino evitando los tramos de adoquines y mis pasos me conducen a una antigua fábrica, en torno a los edificios que la componen se abre un largo patio con una cafetería en uno de sus extremos. Entro en la semipenumbra del local y tu aroma sale a mi encuentro, el aire allí quedó impregnado por tu presencia pero ya no consigo verte ni tan siquiera entre las gentes que animadamente charlan en la terraza... ya nada me retiene en aquel lugar así que busco la salida opuesta para no perder tu rastro.

Vuelvo a la ribera del río con la esperanza que tú también sigas su curso como antaño hacíamos juntos, alcanzo a observar un grupo de turistas que en una motora sonríen como si estuviesen en una permanente fotografía pero no tu reflejo ya se perdió de las gélidas aguas del canal... recuerdo entonces cómo disfrutábamos de nuestros paseos por Haga Nygata, las interminables conversaciones en aquellas terrazas bajo el vespertino sol de primavera y el brillo de tus ojos cuando me mirabas con tímida complicidad...

Mis idas y venidas me habían llevado al Viktoriapassagen donde saboreaba un espresso en el rincón de Da Matteo donde solíamos besarnos furtivamente cuando nos resguardabamos de la lluvia, acabé rápidamente mi café y atravesando Kungsparken dirigí mis pasos hacia Hagakyrkan para alcanzar casi sin aliento el inicio de nuestra calle para, con renovado impulso, llegar al Jacob´s café y allí estabas tú, esperándome y, sonriendo, me diste la bienvenida, devolviendo la luz a Göteborg y a mí...

viernes, 22 de abril de 2011

Halmstads tre hjärtan

Cuando Christian, rey de Dinamarca, el cuarto de ese nombre, llegó a Halmstad con sus ingenieros para fortificar la ciudad quedó sumamente impresionado por la belleza de aquel lugar. Siguiendo la desembocadura del río Nissan alcanzó el antiguo castillo que dificilmente se mantenía en pie. Resultaba urgente su reforma, las tropas suecas no tardarían en estar listas para la guerra. Allí el rey se reunió con su séquito y, entre la distinguida sociedad que le agasajaba, se encontraba Kirsten, la dulce hija del duque de Halland. Las reformas del slott marchaban a buen ritmo pero el soberano ya sólo tenía ojos para la joven doncella, juntos contemplaban la hermosa puesta de sol sobre Kattegat y ya el sublime lazo del amor le unía sin remedio a Kirsten.

Un lluvioso día al inicio del otoño los ingenieros holandeses que el rey trajo consigo le comunicaron el fin de las obras de fortificación de la ciudad... había llegado el momento de regresar a la corte, la reina Ana le esperaba impacente ante la inminente guerra contra Suecia pero ya no había vuelta atrás para Christian, la hija del duque pronto daría a luz y la ruptura con la reina era inevitable.


El rey murió defendiendo Halland junto al lago de Vapnö y, llevado a su amada Hamstald por sus generales, falleció en brazos de su enamorada... antes de expirar cedió tres corazones al pendón de la villa, uno por la bella Kirsten, otro por desear que el propio descansase allí y un tercero para la ciudad que tanto amó... son los tres corazones que aún ondean en la ciudad de Halmstad.

jueves, 21 de abril de 2011

Kattegat

El sol desciende suavemente hacia el oeste mientras el coche avanza abriéndose camino entre los verdes prados. A nuestro alrededor las casas parecen estar separadas por la carretera como si de una calle se tratase, sin embargo ningún ser humano se hace visible en este paisaje, todo parece estar detenido en el tiempo, un instante polaroid. Movidos por un extraño y desconocido resorte mientras atravesamos el pueblo de Morup, desviamos nuestro automóvil en busca del mar que desde unos kilómetros atrás nos marca en la distancia el recorrido.

Según avanzamos entre granjas y veredas, la luz del océano desaparece de nuestra vista para volver justo al final de una curva, buscamos su pista en los aromas que la tarde nos acerca y finalmente conseguimos guiar nuestros sentidos hacia la inminente puesta del sol. Allí, en una perdida playa del Mar del Norte, volvemos a encontrarnos con un intenso azul oscuro cercano al negro que acariciando un costa rocosa acaba muriendo al pie de la verde campiña... mas nuestro corazón descansa con el sol y solo ansía la llegada del nuevo día en esta mágica tierra.

lunes, 18 de abril de 2011

Välkommen till Sverige

Posiblemente la primera impresión que uno tiene al aterrizar en el sur de Suecia es que ha llegado a un país eminentemente rural, grandes campiñas, granjas, todas las casas que la vista alcanza a contemplar son pequeñas viviendas, núcleos unifamiliares que rara vez llegan a formar una población y cuando llegas a una ciudad, que en este área son de pocos habitantes, sorprende igualmente que no hay, salvo excepciones, edificios de más de 3 ó 4 alturas con una gran cantidad de espacios verdes. Ciudades pensadas para las personas donde hay prioridad para ciclistas y peatones. Ciudades que, a diferencia de las nuestras, no son ruidosas; aquí la gente no vive en un permanente cabreo...

Para alguien venido del sur de Europa, incluso la luz del sol nos parece diferente. El campo acaba de liberarse del invierno y despierta a la primavera, los primeros bulbos asoman tímidamente junto a los árboles y alrededor de los múltiples lagos y arroyos que aquí existen. Todo este idílico paisaje que parece sacado de una película de Bergman aparece inmaculadamente limpio, con unos tonos peculiares, como diría, el color es intenso pero mate, sin la luminosidad que deslumbra allí en el sur pero proporciona una singular belleza a esta tierra que mira al mar convirtiéndola junto a sus frondosos bosques, en un maravilloso cuento de elfos y hadas.

domingo, 23 de enero de 2011

Mi pasión por la historia

No recuerdo en qué momento de mi vida empecé a interesarme por la historia, quizás tenga que ver con la fascinación que, siendo niños, todos sentimos por ese pasado que se nos antoja suntuoso y misterioso, hecho alimentado por la ficción del cine. ¿Quién no ha soñado ser un enigmático faraón en Egipto, un poderoso emperador en Roma o un osado rey del medievo, entre otras cosas? Como siempre, la consecuencia directa era el estímulo de nuestra desbordante imaginación infantil que trasladaba todas esos relatos al medio que nos rodeaba, de repente un trozo de tela atado al cuello nos transformaba en un legionario romano, si a la cabeza, en un intrépido musulmán atacando un castillo cristiano o defendiendo Jerusalén de los cruzados… así comenzó también mi pasión por los castillos, posiblemente porque en ellos encontrabas todo lo que habitualmente debías construir con tu imaginación, un enorme plató donde cobraba forma lo que sólo en tu mente existía, el resto lo ponías tú. Desde entonces no he dejado de visitar todos los castillos que he podido (aún quedan muchos) y compruebo que por muchos años que pasen, sigue produciendo la misma emoción en mi, por eso quiero hacer aquí mi pequeño homenaje recopilando aquellos que me parecen más interesantes.

El primero que inicia la serie es el castillo de Burgalimar (Bury Al-Hamma) que se alza sobre un pequeño cerro en la localidad de Baños de la Encina (Jaén). Posiblemente se trate de la mejor representación del poder del califato omeya de Córdoba y data del año 968 (357 de la Hégira) en que bajo el gobierno de Al-Hakam II se mandó levantar como parte de una serie de fortalezas militares. Jalonado por catorce torres más la del Homenaje de origen cristiano, está realizado en tapial salvo la mencionada Torre del Homenaje en sillar.

Fortaleza de Bury Al-Hammam



Fortaleza de Bury Al-Hamma. Murallas y torreones.

Fortaleza de Bury Al-Hamma. Patio de Armas y Torre del Homenaje.

lunes, 3 de enero de 2011

Guadalupe

Un momento sublime en un lugar mágico. Los pasos se pierden entre el silencio del claustro mientras mi alma juega al escondite con la paz que esos muros desprenden y me hace sentir feliz. Unos ojos nos observan desde un ventanuco cercano a la torre y siento la más humana de las comunicaciones. Intento capturar el momento, inspirar para atrapar en mis pulmones el olor místico de esas vidas que durante siglos han alcanzado la meta de su fe.

Resulta sencillo difuminarse en ese ambiente y sólo deseas la soledad como compañera, el silencio como aliado, el espíritu como guía… sólo bajo la pertinaz lluvia puedes sentir cómo el jardín pretende invadir con su aroma los más recónditos espacios del monasterio, trato de dejarme arrastrar por la avalancha de sensaciones que parecen empujarme hacia el reposo eterno de aquellos que, ya sin remedio, pretendieron encauzar sus actos.

Anochece y busco la luz que me indica la salida hacia el bullicioso mundo exterior, incluso el entorno no es capaz de librarse del poderoso influjo de esas vetustas piedras, en un no disimulado respeto la gente espera encontrarse alejada del recinto para retomar sus preocupaciones y sus cuitas… entre ellos os vi marchar hacia el sueño… y ahora sigo vuestros pasos.