domingo, 15 de enero de 2012

El resto de tu vida


No tengo tu rostro
no tengo tu risa
tu calma, tu prisa
preciados tesoros
ahora sin vida
ahogados en rutinas
inventadas por nosotros
qué paraíso no daría
por el resto de tu vida
enjuagar de lágrimas tus ojos
y dibujar precoces sonrisas
tras la amarga despedida
sentimiento ignoto
de asaz melancolía
turba el alma mía
y conduce a mi abandono
desde tu partida
sueño tu misiva
sólo deseo tu retorno

martes, 3 de enero de 2012

Tú eres mi espejo

Dulce es el amanecer cuando el amor vela tu sueño, discreto el tacto que te anuncia el despertar. Hasta la noche, tenebrosa oscuridad que conquista la tierra cuando el astro completa su órbita, se estremece ante la presencia de tu corazón, es tal su fuerza que derribó todos nuestros miedos y edificó un anhelo común. Al unir nuestras almas también nuestros destinos se ligan, tu ansías caminar a mi lado y yo, recorrer junto a ti la vereda que a la felicidad conduce. Tú eres mi espejo, yo transparencia que tu sonrisa halaga.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La visita de la rutina

Habitáis el mismo lugar pero no compartís nada. Los sentimientos están prohibidos y se miden escrupulosamente los gestos de ternura. ¿Dónde quedó la sonrisa? De una manera mecánica llegáis al lecho, ocupáis vuestro territorio, insalvable ya en distancia, y no os atrevéis a cruzarlo.

Cuando la luz se apaga, aprietas con fuerza los párpados en un vano intento de forzar un sueño que no llega y comienza la agonía que sólo el alba alivia. ¿En qué momento acabó el nosotros? Quizás un día, tras recibir la visita de la rutina, os dejasteis seducir por ella, quizás el sedoso tacto de sus labios ya no era la necesaria meta de tus cálidos dedos.

La esperanza fluye en tu mundo onírico, pero ese torrente que llega a ser río no desemboca en ningún mar; no conduce a puerto la nave donde resguardaste el corazón. Una desagradable sensación punzante dibuja un gesto de dolor en tu rostro, inspiras profundamente buscando un remedio para tu mal.

Nadie a tu alrededor comparte la terrible experiencia que sesga tu insomne noche. Nuevo intento de cerrar los ojos, sólo cuando te prometes que mañana será el último día que regalarás a quien no entiende de futuro, quien malgasta el presente mientras éste sucede ante sí, el sueño te alcanza.

domingo, 18 de diciembre de 2011

La carta

Cuando recibí tu carta ya me encontraba muy lejos, demasiado distante de la ciudad y a no sé cuántos abismos de ti, de tu corazón. Tras nuestro primer encuentro, pronto fui consciente que no había caminos que compartir, ninguna ruta que nos aproximara pero tu decisión inclinó mi voluntad hacia tu deseo. Tú buscabas que te quisieran y yo odiaba mi soledad…¡triste punto de partida! No lo pensamos demasiado, tampoco era nuestro propósito, ambos optamos por volcar toda la ilusión en aquello que habíamos puesto en marcha y que no sabíamos bien qué era y cómo llamarlo.

No tuve valor para compartir contigo mis inquietudes, mis muchas dudas…prefería esperar tu llamada y dejar que el torrente de tu voz me arrastrara a un mundo que aún me resultaba ajeno, extraño porque no terminaba por sentirme parte de él. Eras capaz de todo y más para ganar un segundo que pudieras compartir conmigo y, sin embargo, yo, que contemplaba nuestro entorno con la indiferencia de quien desconoce destino, no supe estar a la altura de tu entrega y dejé escapar a quien era capaz de amar y amarme. En cualquier caso, si ahora te escribo, es más para tranquilizar mi alma que para solicitar un perdón que no podrá librarme de una incómoda sensación de angustia.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Borrasca

Los días de lluvia salgo fuera de mi rutina, compruebo mis bolsillos para que nada me frene y no deshago equipaje sin que los primeros matices de tu esencia alcancen mi ser.

No consigo evitar que las gotas de lluvia desemboquen en mi río. Tú eras mi guía en la tormenta, el refugio al que mi vida se dirigía, final de camino y principio de ansiado amanecer. Eras alba nacida de la fusión del más vital de nuestros alientos.

Y vuelvo a la lluvia, regreso al momento en que todo ocurrió, ese lapso de tiempo que tu amor sació mi avidez de tu alma y aún con los ojos cerrados podía ver tu sonrisa, en la distancia, sentir tu piel e inundar el silencio con el timbre de tu voz.

La lluvia no se detiene, en realidad, no ha parado desde tu ocaso. Te llevaste la luz enredada en tu cabello, la alegría enlazada entre los dedos. Tu marcha desoló mi espíritu y dejó mi duelo a merced de la lluvia, por eso cuando llega la borrasca no puedo saber que empapa más mi corazón, si el agua que ella trae o la que tu adiós condujo hacia mi.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Matices en blanco y negro

Al cerrar la puerta un sentimiento de desasosiego la invadió, no había duda de que su futuro no estaba allí pero dejaba en esa casa tanto tiempo y tanto amor, ese amor que te empuja a no mover el pomo, ese tiempo que te arrastra sin piedad a la cómoda rutina, que por un momento su paso dejó de ser firme y sobrevino un calor que sólo sintió ella. Aún eran audibles los ruegos de él a través del pasillo en penumbra pero desgraciadamente los reproches ya habían hecho mella en las paredes del habitáculo donde resguardó su corazón cuando la tormenta comenzó.

Cerró los ojos con fuerza y dio un portazo que la devolvió a la realidad, el estruendo penetró con brusquedad en su órgano auditivo causando un dolor más terrible por su significado que por su acción. Asió su maleta con fuerza y recuperó la firmeza de su paso aún a costa de movilizar todos sus recursos. El ascensor se demoró unos segundos, pocos pero suficientes para que él alcanzase a abrir y gritar con desconsuelo ¡por favor, no te… La repentina llegada del ascensor frustró la posibilidad de que pudiese acabar la frase, ella se apresuró a entrar y rápidamente comenzó a descender.

El día era frío, un día de invierno con matices en blanco y negro, muy similar a su existencia de entonces. Una fina lluvia se fundía en su rostro con las lágrimas y empapaba paulatinamente sus ropas, buscó un taxi durante unos minutos que se le antojaron inagotables.

La habitación del hotel tenía un aspecto lúgubre, lámparas de forja de tenue luz pendían a ambos lados de una cama cuya colcha amarilleaba por el uso. Se dejó caer y buscó un cigarrillo en su bolso. Aspiró profundamente al encenderlo, inhaló el humo como si de un aliento de vida se tratase. No consiguió recordar cuándo fue la última vez que fumó, la última vez que se prometió a sí misma que era definitiva su decisión de no volver a hacerlo. Sintió un ligero mareo con el tabaco, se recostó y parpadeó para librarse del molesto escozor que sentía. Una melodía empezó a cobrar fuerza, el teléfono móvil se encendía y se apagaba casi al ritmo de la música. Ignorar la llamada fue un primer paso hacia el olvido, con rabia difícilmente contenida arrojó el aparato lejos de sí, tal y como él hizo con su confianza.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Una vela se extingue

Te recuerdo con tu sonrisa cautivadora, tu palabra sencilla y agradable. Las tardes en tu casa se llenaban de animadas conversaciones, en realidad todos iban no sólo por el cariño que sentían por ti sino porque conseguías con tu actitud que cualquier problema, por más dificultoso que pudiese parecer, se convirtiera en nimio.

Una tarde, cuando al fin nos quedamos a solas, cogiste mi mano y apretándola fuertemente, me dijiste siento que me apago como una vela. Me aferré a tu mano y sin articular palabra, sufrí en mi interior tu dolor. Enjugué tus invisibles lágrimas con toda la ternura que pude hallar en mi corazón, mientras las mías ansiaban convertirse en manantial.

Días después, la luz de tu candela se extinguió, tu castillo fue rendido por ese enemigo invisible que nunca comprendiste, el mismo que no tuvo piedad en sesgar tus proyectos de futuro, tu sempiterna alegría. Quedamos huérfanos de tu presencia pero nunca abandonarás nuestro corazón…